Los
guiones están compuestos de imágenes, personajes, diálogos y
descripciones.De eso sabe el docente y escritor Joan Álvarez Valencia.
Daniel Domínguez Z.
Eric Batista |
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Es director de la Fundación para la Investigación del Audiovisual de España. |
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“Volver”,
de Pedro Almodóvar y protagonizada por Penélope Cruz, es uno de los
mejores guiones de los últimos años en España, de acuerdo con Álvarez
Valencia. |
Los hábitos del
espectador de cine están cambiando a nivel mundial y las películas
procedentes de Hollywood dominan en Europa.Encima, a casi nadie le
importan los guionistas y el Gobierno panameño debe apoyar más al
séptimo arte nacional.Así ve el panorama el profesor y guionista
español Joan Álvarez Valencia.
Para el director de la Fundación
para la Investigación del Audiovisual de España, un país que apenas
comienza a caminar en materia de cine como Panamá, necesita
urgentemente una nueva generación
de guionistas tanto para cine como para televisión.
“Hay
que cuidar el desarrollo de los proyectos.Una película no se hace de la
noche a la mañana.Juntar el dinero necesario cuesta mucho.Hay que
convencer a mucha gente y es una tarea colectiva.Para todo esto
requieres de un guión.Falta una visión clara del cine si no hay guiones
de por medio”, indica Álvarez Valencia, docente del segundo diplomado
en producción cinematográfica iberoamericana que se realiza actualmente
en Panamá y en el que participan 16 personas provenientes de ocho
países.
Le preocupa que todavía las autoridades panameñas “no
hayan dotado de un fondo monetario” para que el cine arranque de una
vez por todas (ver recuadro).
“Es absolutamente necesario que
exista aquí un fondo de protección a la cinematografía, algo que hay en
todos los países fuera de Estados Unidos.Un dólar invertido en el cine
panameño significa tener dinero para colaborar en la producción de sus
proyectos, ya que ustedes están en una situación económica muy buena y
pueden lograr coproducciones con empresas de la región”.
Sin ir
muy lejos, varios de los participantes del diplomado iberoamericano,
organizado por la Asociación Cinematográfica de Panamá e Ibermedia,
tienen borradores de guiones que quisieran filmar a mediano plazo con
coproductoras nacionales y rodar escenas de sus proyectos en el país y
con
artistas locales.
Sobre el CanalHay
un proyecto que le ronda la cabeza desde hace tiempo a Joan Álvarez
Valencia: realizar una miniserie de 13 capítulos en torno a la
construcción del Canal de Panamá.“Las historias en torno al inmenso
esfuerzo que supo llevar a cabo ese portento, así como los sueños y los
fracasos de personas detrás del Canal.Vamos a emplear estos meses de
mayo y junio para explorar el potencial que tiene el tema y creo
factible encontrar coproducción con España, Estados Unidos, Colombia,
Francia y Panamá”.
Propone que Panamá siga los pasos de la
productora argentina Patagonik, que anualmente hace por lo menos tres
películas distintas entre sí.Una cinta animada para conquistar a los
niños y convertirlos en adultos que apoyen su propia industria.Una
segunda comercial que tenga un presupuesto holgado y una factura
decente para combatir en la taquilla con los productos made in
Hollywood, y un filme de arte que aspire a participar en festivales
internacionales.“Solo así lograrán ustedes una normalización de su
industria.Si van por un determinado tipo de cine terminarán cansando al
público”.
El que escribe
El guionista
está de último en la fila de los famosos, un artista que al parecer no
merece crédito alguno y por quien casi nadie pelea, salvo su propio
gremio.
¿La culpa? De los productores que mandan en las
industrias fílmicas y de los directores que escriben (de Godard a
Fellini, pasando por Berlanga).De ambos sectores es la responsabilidad
de que el escritor de imágenes se quede sin pastel y velas en su
cumpleaños.Sin lágrimas, que el asunto mejorará según Joan Álvarez
Valencia.
“Los guionistas tenemos cada vez más importancia y sin
un guión no hay una buena película. Probablemente en el futuro haya
alguien que vaya a ver una película porque es de tal guionista”, indica
este europeo que visita el istmo por tercera ocasión.
La
televisión, más que el cine, le da continuidad laboral al
guionista.“Por eso los guionistas deben apuntar por allí.Este es un
aspecto que queremos cuidar más en España porque es por donde se pueden
financiar y mejorar nuestras películas”, indica quien calcula que en su
país, en activo, hay entre 300 y 500 guionistas.
Guiones de ensueñoApuesta
a ganador por un guión cuando ofrece personajes con un carácter
definido o aquel que brinda un toque original a la historia que
cuenta.También le agradan cuando se emociona con sus conflictos
argumentales (los personajes y sus luchas) o logra diálogos
acabados.
“Una
película es uno de los espectáculos más maravillosos que hay porque
realmente nos inunda la conciencia.Sentimos la película cuando la
vemos.Hay que regalarle al espectador la experiencia de un viaje a algo
que ellos no conocen, y eso se logra, entre otras, con un guión
acabado”, dice Álvarez Valencia mientras se acaba un cigarrillo fuera
del hotel donde imparte clases.
Guiones bárbaros hay muchos.Unas
muestras que propone Álvarez Valencia para cualquier apasionado del
cine son las estadounidenses El apartamento (1960), de Billy Wilder e
I.A.L.Diamond; Babel (2006), de Guillermo Arriaga; Crash (2004), de
Paul Haggis, y Juno (2007), de Diablo Cody.Su lista también incluye el
texto de Al otro lado (2007, Turquía-Alemania), de Fatih Akin, y de
España se va por Los Otros (2001), de Alejandro Amenábar y Volver
(2006), de Pedro Almodóvar.
“Estos guionistas han hecho un pacto
de ficción con el espectador para que crea en lo que le van a
contar.Este proceso se logra con la verosimilitud y es hacerle creer lo
que le vamos a contar, aunque sea mentira”, dice este zorro viejo
fílmico.
En el lado oscuro de la fuerza está el cine comercial,
que “busca contentar a una audiencia mayoritaria, descuidando lo visual
y lo argumental.Son películas que se basan en personajes cómicos o
dependen
demasiado de los efectos especiales o de una estrella.Es un cine para ganar dinero”.
Aunque
advierte que hay películas comerciales de calidad, aquellas que pagan
las cuentas de los productores, pero que por ello no le entregan el
alma a lo fácil, a los clichés y a las fórmulas preestablecidas.
Cita
el caso de títulos que son hechos por artistas independientes y que por
funcionar en la boletería también deben ser considerados comerciales en
el mejor sentido de la palabra.En ese aspecto menciona a No es país
para viejos, de los hermanos Coen y ganadora de cuatro premios Oscar
(incluyendo mejor película), que tuvo un presupuesto de 25 millones de
dólares y a nivel mundial recaudó 159 millones de dólares.
De bajada
En
2007, cinco millones de espectadores dejaron de ir a las salas en
España.“Hubo una baja, pero de todo tipo de cine, incluso del
norteamericano, y por supuesto, del español.Pero este fenómeno es
mundial.El cine pierde espectadores en los teatros y los gana en la
televisión, en dvd y por internet”.
El séptimo arte producido
por Hollywood se queda con una enorme tajada en la tierra de
Picasso.Según el guionista Joan Álvarez Valencia esa influencia está
entre el 80% y el 86% de la preferencia.
En su opinión, el único
país en el Viejo Mundo donde el escenario se modifica es en Francia,
donde el cine galo domina entre 30% y 40% del gusto.En el resto de
Europa, el consumo del cine nacional es poco y oscila entre el 8% y el
20%.
A pesar de esta raquítica radiografía, cree que el guión en
España goza de una salud óptima y han encontrado la clave para mantener
a su audiencia.“Hay distintos tipos de película.Hacemos filmes de
espectáculo, se hacen cintas de consagrados como Almodóvar y Amenábar;
otras de tipo medio con marcado interés por la comedia y unas potentes
óperas primas hechas por gente joven”.
Para sobrevivir es vital
que todos los proyectos puedan interesar a un público, por lo menos,
regional.“Sumando la audiencia de cada país, por muy baja que esta sea,
se hace una cantidad interesante de personas”.También recomienda que
los cineastas aborden el tren supersónico de la era digital, que
democratizará y facilitará las ideas que desean trasladar a la pantalla
grande.
Una salida para que el cine se mantenga a flote, es
hacer alianzas con las cadenas de televisión.De esta manera se le puede
robar audiencia a la poderosa producción norteña y los espectadores
adquirirán paulatinamente el placer de disfrutar películas sobre
situaciones que le son cercanas.“Debe haber un respeto en cada país por
su propia cinematografía, porque en ellas hay un pedazo de nuestras
vidas”.
Ley sin fondos
• La ley de cine de Panamá existe, es la 36 del 19 de julio de 2007, pero no hay dinero para que funcione como debe ser.
•
Luis Pacheco, presidente de la Asociación Cinematográfica de Panamá
(Asocine), explica que “aún no ha llegado a las manos del presidente
Martín Torrijos la reglamentación de esta ley, ya que los principales
puntos se dejaron para la reglamentación, para que el proceso fuera más
rápido. Esto fue a solicitud de la misma Asamblea Nacional y del
Gobierno”.
• Indica Pacheco, publicista de profesión, que “ahora
mismo está ya casi terminada la reglamentación y en Asocine queremos
leerla antes de que el Presidente la firme, aún no nos la han dejado
leer. En la reglamentación está lo que debe tener el Fondo de Fomento
Cinematográfico, que ahora es cero. Tenemos un fondo de fomento sin
fondos”.
• El Fondo de Fomento Cinematográfico, que estará bajo el
paraguas del Instituto Nacional de Cultura, debe tener los recursos
suficientes para cumplir con los objetivos planteados en la ley. “Es
importante que el Gobierno vea la necesidad de apoyar la cultura
audiovisual en Panamá. De lo contrario, la ley no tendría mucho sentido
y no existiría un real apoyo del Gobierno en crear esta nueva industria
en Panamá, que generará empleo y traerá divisas”.
• Añade Pacheco
que “cada dólar que se invierte en cine se multiplica por seis en los
beneficios que la proyección internacional de nuestro propio cine da al
país”.

Entrevista de LA PRENSA a VICTOR GAVIRIA Facilitador en
Panamá del Modulo de Direcciôn en el SEGUNDO DIPLOMADO INTERNACIONAL EN
PRODUCCION CINEMATOGRAFICA IBEROAMERICANA apoyado por el programa
IBERMEDIACine
Cuando la vorágine inspira
El director Víctor Gaviria opta por un cine que se alimenta de la vorágine que gobierna a Medellín desde hace varios lustros.
Daniel Domínguez Z.
Eric Batista |
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“El cine colombiano trata de existir. Estamos en una etapa muy rudimentaria”. |
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Asesinatos,
narcotráfico, ajustes de cuentas y mendicidad infantil. El director
Víctor Gaviria ha convertido su cámara en una proclama social sobre la
evolución de la tragedia urbana que marca a Medellín.
Solo ha
firmado tres títulos, pero son indispensables para entender a Colombia.
Rodrigo D: no futuro (1990) es sobre los jóvenes delincuentes; La
vendedora de rosas (1998) se concentra en los niños de la calle y Sumas
y restas (2004) plantea cómo el negocio de las drogas altera a su país.
Su
dramaturgia no procede de su creatividad, surge de una lectura que hace
sobre su entorno desde una perspectiva histórica. Su inspiración común
siempre es Medellín, ciudad donde nace en 1959. Sus filmes destacan por
un discurso ideológico distante a cualquier concepto moralista. Su
mayor aporte reside en la recuperación de situaciones reales hasta
entonces poco valoradas.
Su labor es una herencia del
neorrealismo italiano (fenómeno que se da luego de la Segunda Guerra
Mundial) y del documental, ya que rueda en escenarios verdaderos,
consulta a las fuentes originales y utiliza actores naturales.
Escoger
personas sin academia para sus largometrajes es una costumbre iniciada
cuando hace sus ocho cortometrajes, ya que al buscar intérpretes
formados se topa con que la mayoría “caen en la sobreactuación porque
hacían un teatro panfletario o tenían los vicios que trae estar en la
televisión”, explica al finalizar su clase sobre dirección que impartió
en un diplomado organizado por la Asociación Cinematográfica de Panamá
e Ibermedia.
Sin ley ni esperanzas
En
1988, Medellín va a la deriva y está sitiada por el narcotráfico. De
acuerdo con Gaviria, antes de Rodrigo D: no futuro, el colombiano
promedio solo sabe a medias sobre una situación tan explosiva.
Para
su proyecto entra en contacto con 50 muchachos. Su punto de partida es
una noticia de un periódico sobre un chico que sube a lo alto de un
edificio para lanzarse al vacío y una señora lo convence de que deseche
la idea del suicidio.
Para conformar su elenco usa actores
naturales, es decir, sin formación previa, quienes además le cuentan
sus historias y lo asesoran para que sea fiel a la situación que narra
en imágenes. Para esto se acerca al popular barrio de Guadalupe a oír y
aprender. Los recuerda como seres intensos, con una sensación de
carecer de un mañana, pues tienen la certeza de que una muerte
inminente los persigue.
En Medellín había otros chicos en
iguales o peores circunstancias. “Era un desenfreno de muerte
impresionante. La Iglesia católica presentó una cifra sobre cuántos
jóvenes murieron entre 1982 y 1992 y hablaban de 50 mil muchachos
asesinados”.
Algunos de sus actores fallecieron durante la
producción de Rodrigo D: no futuro y unos más en los meses posteriores.
“Los mató la policía durante un robo o los mandaban a matar los
choferes de autobuses cansados de que les robaran”.
Esa crisis,
tan escandalosa como incomprensible, lleva a que “los periodistas
denominen a estos chicos como sicarios. Ellos se definían a sí mismos
como ‘pistolocos’, pues vivían detrás de un arma para poder trabajar,
mataban por encargo”.
Considera que el sistema de los sicarios
se deteriora con la muerte de Pablo Escobar (1949-1993) y comienza una
nueva forma de terror: el paramilitarismo que se enfrenta a la
guerrilla.
Después Medellín pasa a otra dinámica, “con
movimientos de reinserción de los paramilitares. Los índices de
violencia bajan en 90% y en estos momentos hay una paz que subsiste en
una estructura paramilitar que todavía controla algunos barrios”.
La lógica detrás del espejo
El
ambiente de marginalidad y pobreza de Medellín es el foco de La
vendedora de rosas, sobre Mónica, una niña de 12 años que vende flores,
y Zarco, un pandillero que la persigue.
Una vez más las
estrellas son aquellas que crecen con una ciudad que les da la espalda.
“Trabajar es matar, tener una plaza es tener un puesto de drogas; morir
es vivir y vivir es morir. Eso es la exclusión cuando vives al otro
lado del espejo”.
Lo real vuelve a vencer a la ficción. Su
protagonista, Lady Tabares, de adulta termina en la cárcel por haber
participado en el asesinato de un taxista. Otros nueve actores
naturales mueren por orden directa de las pandillas.
Las
actrices que aún respiran son madres solteras que tienen tres y cuatro
hijos de padres distintos. “Ellas tenían un destino que era muy difícil
de poder cambiar y su expectativa es que les pase lo peor”.
¿Cómo
crear tramas intensas sin quebrarse emocionalmente durante el proceso?
“En ambas tuvimos todo el tiempo a punto de suspender los rodajes. Lo
logramos porque teníamos una mística de trabajo y los muchachos querían
que la termináramos”.
Una pesadilla sin salidaEn
Sumas y restas, Víctor Gaviria muestra cómo el narcotráfico es una
reconciliación entre las clases sociales durante la década de 1980,
pues los carteles de las drogas permiten que algunos pobres se
convierten en ricos y que ciertos potentados de cuello blanco lo sean
aún más. El vicio crea un puente entre una Medellín que está dividida
en dos mitades irregulares.
“Esta sociedad que prometía desde
el narcotráfico una revolución social, en el fondo queda como irrupción
de la ilegalidad y terminó en una pesadilla”. Por eso entonces la clase
media estaba dentro de un sándwich. “Está abrumada entre dos
tentaciones, la de la corrupción del narcotráfico y tener toda la plata
del mundo y la del arribismo de las clases altas”.
Medellín
despierta de un pesado sueño. “Hay un grupo decidido a frenar la
corrupción generalizada y le está arrebatando a los políticos
tradicionales el manejo de la ciudad”.
Un reto y tres odiseasRodar
filmes sin finales felices y que cuestionan la injusticia tiene su
precio a pagar. Rodrigo D: no futuro y La vendedora de rosas pagan sus
cuentas, no mucho más, pero con Sumas y restas no recupera la inversión.
Las
cifras en rojo y la falta de productores con arrojo son el motivo por
el cual Víctor Gaviria ha dirigido pocas películas y es la razón por la
cual tiene tres guiones sin rodaje seguro. “Hay un cine comercial en el
que todos quieren invertir, pero lo importante es hacer documentos que
te ayuden a comprender la realidad de Colombia”.
Hay la
posibilidad de ir a España a rodar un largometraje sobre el impacto de
la inmigración latinoamericana o dar inicio a un filme sobre un barrio
de Medellín llamado El Animal.
Si encuentra financiamiento
quiere embarcarse en una cinta sobre bandolerismo que se desarrolle en
los años 1960 y 1970 y que recibirá como título La hora de los
traidores.
Va a conversar con reinsertados de los grupos
armados, o sea, soldados, policías y guerrilleros, que “tratan de
comenzar una nueva vida. Están en unas casas de reinserción y luchan
por regresar a la sociedad. Ellos tienen muchas cosas que decir”.
Los
productores sueñan con el día en que Víctor Gaviria decida hacer
películas con actores famosos de la televisión y con un guión
preescrito y
alegre. “No quiero hacer películas de buenos y
malos y con argumentos simples. Mejor es esperar o no hacer nada, a
hacer películas que después me arrepienta de haberlas hecho”.
La parapolítica•
"Están señalando a los responsables. La guerrilla suscitó unos
movimientos de complicidad entre la clase política y los paramilitares
y dio con la aparición de una delincuencia organizada, que en el fondo
es el mismo narcotráfico".
• Así piensa Víctor Gaviria sobre
el escándalo que experimenta Colombia y que ha sido bautizado como la
"parapolítica", por los posibles nexos de congresistas con los
escuadrones paramilitares, quienes deseaban "remediar un problema de
violencia de los alzados en armas, la guerrilla, pero olvidando que
para eso está la justicia".
• "Los políticos, por miedo y
oportunismo, convivien con los paramilitares, quienes ahora le dicen:
‘nosotros trabajamos con ustedes, ustedes se hacían de la vista gorda y
tienen que pagar también", plantea.